Cuando el trabajo sexual es ejercido con prevención, el riesgo de contraer VIH no es mayor al habitual.
Trabajo o explotación
Los trabajadores sexuales siempre han sido considerados un grupo de riesgo con respecto a las enfermedades de transmisión sexual. La antiguamente llamada prostitución es una profesión que se ha impuesto en diversas épocas y culturas, y ha sido objeto de discriminación y persecuciones sin que, generalmente, sus enemigos hayan podido controlarla con éxito.
Diversas condiciones personales y sociales hacen posible el florecimiento de esta actividad en sus muchas formas y estilos. Entre estas condiciones se cuentan la necesidad económica de franjas sociales cada vez más amplias, la falta de oportunidades de la mujer en los mercados del trabajo, y la profunda insatisfacción sexual de no pocas personas que funcionan como clientes de los trabajadores del sexo o consumidores del producto sexual.
Melissa Ditmore y Penelope Saunders (*) proponen distinguir perfectamente entre trabajo sexual y tráfico sexual, cuando el primero es "..la presencia voluntaria en el negocio del sexo".., mientras que la segunda opción es la explotación de personas a través de ese negocio.
Muchas veces, según las autoras, la misma legislación que regula la prostitución facilita la violencia y el abuso de quienes la ejercen, aumentando el riesgo de contraer VIH u otras enfermedades de transmisión sexual (ETS). La autoridad de aplicación, habitualmente la fuerza policial, muchas veces se sirve de estas normas para exigir dinero o favores sexuales a estos trabajadores. Esto hace que ellos no frecuenten los servicios de atención que, muchas veces, facilitan su identificación y abuso al violar la confidencialidad médica.
En muchos países, mujeres y niños son obligados a mantener relaciones sexuales por dinero y en contra de su voluntad. La mayoría de las veces, sus explotadores ni siquiera los dotan de los esenciales elementos de prevención, entre los cuales el preservativo es el más útil y eficaz. Estas personas constituyen verdaderamente un grupo en riesgo de contraer ETS, entre las cuales el VIH/SIDA es la más temida.
Riesgo y prevención
Los trabajadores sexuales pertenecen a uno de los supuestos y antiguamente llamados "..grupos de riesgo"... Esta denominación es tan errónea como peligrosa a la hora de tomar conciencia sobre los riesgos de la transmisión sexual del VIH. ¿Por qué? Porque muchas personas, al no pertenecer a éste u otros grupos señalados como riesgosos (adictos, homosexuales, etc.) piensan que su riesgo de contraer el virus del SIDA es prácticamente nulo. Mientras tanto, el verdadero riesgo no está en la pertenencia o no a uno de esos grupos, sino en la desinformación e irresponsabilidad en las conductas sexuales.
En efecto, una persona puede cambiar frecuentemente sus parejas sexuales e, incluso, mantener sexo con personas apenas conocidas, y no correrá este riesgo si sabe utilizar las medidas de prevención adecuadas. En cambio, una persona inadvertida puede contraer el VIH aun con su habitual pareja, cuando ésta pudo infectarse con otra pareja o por otra vía, como la endovenosa.
De esto se desprende que, no importando el grupo al cual se pertenezca o la actividad que se ejerza, lo riesgoso es mantener conductas no prevenidas. Por lo tanto, los trabajadores sexuales pueden ejercer sus servicios sin presentar un riesgo para su propia salud o la de sus clientes, siempre y cuando se encuentren apropiadamente informados y concientizados acerca de las medidas de prevención.
Sin embargo, no deberíamos poner el énfasis de la prevención sólo en los trabajadores sexuales, a pesar de que en muchos lugares como el Brasil, se han realizado experiencias en las que estas personas han mejorado la conciencia preventiva de la comunidad. La responsabilidad en la prevención es absolutamente compartida, y los ocasionales usuarios de estos servicios no deberían desconocer los riesgos que corren al tener sexo sin cuidados, sea con éstas u otras personas.
Las campañas a favor de la prevención mediante el uso del preservativo son las que más han servido para bajar el riesgo de transmisión del VIH por la vía sexual. El preservativo o condón, sea masculino o femenino, representa una barrera eficaz que impide el paso del VIH y otros factores de infección durante el acto sexual. Constituye además un método apropiado y económico también para evitar embarazos no deseados, entre los cuales los adolescentes son los más críticos.
Comenzar a pensar el en VIH/SIDA como un problema que incumbe a todos será la única manera de detener el avance de la mayor pandemia de los últimos tiempos.